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Google Voice: un número único que suena en todas partes

Posted on | marzo 15, 2009 | No Comments

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Si las búsquedas de Google revolucionaron la web y Gmail hizo lo propio con el correo electrónico gratuito, una cosa es segura: Google Voice, presentado este jueves, revolucionará los teléfonos.

El servicio unifica nuestros números de teléfono, nos transcribe los mensajes del contestador, bloquea las campañas de telemarketing y asciende los mensajes de texto a la categoría de ciudadanos comunicadores de primera. Y todo eso, sólo para empezar.

Google Voice inició su andadura en el año 2005 con el nombre de GranddCentral. A su manera, fue algo revolucionario.

Su intención era resolver los problemas de tener más de un número de teléfono (el de casa, el de la oficina, el móvil, y así sucesivamente): tener que consultar varios contestadores automáticos; perder llamadas si nos llaman al móvil cuando estamos en casa (y viceversa); mandar correos desde el trabajo diciendo cosas como ‘el jueves estaré en el móvil entre las 5 y las 8; durante el resto del fin de semana, llámame a casa’; tener que cambiar de número de telefono cuando cambiamos de trabajo o nos trasladamos a otra ciudad.

La solución de GrandCentral consistía en ofrecernos un nuevo número de teléfono único e unificado, de la zona que elijamos. Cada vez que alguien nos llamaba a ese uni-número, todos nuestros teléfonos sonaban a la vez.

A partir de entonces, la gente ya no tenía que perseguirnos marcando diversos números; nuestro uni-número nos encontraba allí donde estuviéramos. Y los mensajes de todos nuestros contestadores terminaban en el mismo buzón de voz, en la web (y también podíamos escucharlos de la forma habitual, llamando a nuestro número).

En la web, se podían escuchar los mensajes y hasta descargarlos en forma de ficheros de audio, a fin de guardarlos para la posteridad. Incluso se podían activar notificaciones de mensajes de voz por correo electrónico.

Y todavía hay más. Cada vez que respondíamos una llamada, mientras el llamante aún escuchaba el ‘ring, ring’, nosotros oíamos una grabación que nos ofrecía cuatro maneras de atender la llamada: “Pulse 1 para aceptarla, 2 para mandarla al contestador, 3 para escucharla mientras la dejan en el contestador, o 4 para aceptar la llamada y grabarla”. Si pulsábamos 3, la llamada iba directamente al contestador, pero podíamos escuchar mientras el interlocutor hablaba. En caso de decidir que merecía nuestra atención inmediata, podíamos pulsar * para iniciar la conversación. Esta discreta posibilidad ahorraba tiempo, minutos de móvil y, en algunos casos, evitaba muchos conflictos interpersonales.

GrandCentral también permitía grabar un mensaje de saludo distinto para cada persona de nuestro listín: “Hola, cariñito, déjame algún mensajito” para la novia, “Buenas, jefe, he salido a cazar clientes” para nuestro superior en el trabajo.

También se podía especificar qué teléfono tenía que sonar cuando llamasen ciertas personas. (Para ese pesado que todos tenemos en nuestra vida, hasta podíamos decirle a GrandCentral que contestase con el mensaje de “El número marcado ya no existe”).

Otra función realmente práctica: en cualquier momento durante una llamada, podíamos pulsar la tecla * para hacer que volvieran a sonar todos nuestros teléfonos, permitiéndonos cambiar de teléfono a media llamada. Si estábamos saliendo por la puerta, podíamos transferir una llamada de fijo a nuestro móvil.

GrandCentral también ofrecía filtros de llamadas de telemarketing, bloqueo de llamadas fuera de horario (“no quiero que mi BlackBerry suene durante los fines de semana”), y una cantidad abrumadora de otras funciones. Para la gente con una vida complicada, GrandCentral era una racha de aire fresco. Uno sentía un poder secreto que no tenía nadie más.

Entonces, en 2007 llegó Google y compró GrandCentral. Dejó de admitir nuevos miembros, interrumpió todo trabajo visible en el servicio y, aparentemente, se olvidó completamente de él. Los varios miles de usuarios de la primera hornada pudieron seguir utilizando GrandCentral, pero a medida que pasaba el tiempo, iban perdiendo ánimo. En enero, Salon.com resumió la situación en un editorial titulado “El último en salir de GrandCentral, que apague la luz”.

Ahora ha resultado que no había motivo de preocupación. Google ha seguido trabajando discretamente en GrandCentral. Desde ayer jueves, los miembros existentes de GrandCentral pueden actualizar a Google Voice. Dentro de pocas semanas, una vez depurado el sistema, Google abrirá el servicio al resto del público.

Google Voice arranca con un sitio web limpio y rediseñado, que tiene el aspecto de una bandeja de entrada, como la de Gmail. Conserva todas las funciones originales de GrandCentral, pero sobre todo les añade otras cuatro que cambian todo el panorama.

Transcripción gratuita de los mensajes del contestador. A partir de ahora ya no hay que escuchar los mensajes en orden; de hecho, ni siquiera hay que escucharlos. En cuestión de segundos, las grabaciones se convierten a texto y aparecen como mensajes de correo-e o como SMS en el móvil.

Es sensacional: significa que los mensajes del contestador se pueden buscar, ordenar, guardar, reenviar, copiar y pegar.

No hay intervención humana: todo lo hace el software. Por lo tanto, las transcripciones pocas veces son perfectas. Para empezar, el software de Google no parece haber descubierto aún la puntuación (“ohh hola soy paquita sólo quería decirte que anoche lo pasé muy bien y me gustó mucho verte vale ya hablaremos chao”.

Por supuesto hay errores; si a la gente ya le cuesta a veces entender las conversaciones por móvil, no les cuento los ordenadores. Hábilmente, la página web presenta en un color más claro las palabras de cuya transcripción duda. Afortunadamente, suele acertarla con las cifras, los números de teléfono, las horas de llegada y las direcciones. Y el resto es lo bastante exacto como para entender el sentido.

Ya hay empresas como PhoneTag, Callwave y Spinvox que transcriben los mensajes del contestador, con puntuación y todo. Están muy bien, pero cuestan dinero. Google Voice es gratis.

Teleconferencias gratuitas. Nunca más tendremos que pagar para mantener teleconferencias, ni volveremos a tener que llamar a números específicos ni teclear complicados códigos de acceso. Ahora sólo hay que decirles a los amigos que nos llamen a nuestro GrandCentral a una hora determinada, y ¡tachán! los vamos incorporando a la conferencia a medida que llaman. Gratis.

Llamadas internacionales tiradas de precio. Si llamamos a nuestro número de Google Voice desde alguno de nuestros teléfonos, se nos ofrece la posibilidad de llamar al extranjero a un precio todavía más bajo que el de Skype (y muchísimo más que el de nuestra operadora móvil): dos centavos de dólar por minuto a Francia o China, tres céntimos a Chile o la República Checa. Fantástico.

Organización de mensajes de texto. La última de las funciones de Google Voice es la más profunda. El antiguo GrandCentral no era muy bueno con los SMS que nos mandaban a nuestro uni-número. De hecho, los ignoraba por completo: simplemente desaparecían.

En cambio, Google Voice hace lo que debe: manda los mensajes de texto a los móviles que queramos, incluso a varios teléfonos simultáneamente.

Y aún más importante, los recoge en nuestra bandeja de entrada web, igual que el correo-e. Podemos archivarlos, buscarlos y, por primera vez en la historia de la telefonía móvil, conservarlos. Ya no se pierden para siempre cuando tenemos el móvil lleno.

También podemos responderlos con un clic, ya sea llamando o mandando otro SMS; el intercambio de mensajes aparece en la web en forma de conversación.

Google Voice elimina algunos de los defectos de su predecesor. Si queremos, podemos desactivar la opción de “pulse 1, pulse 2″, de modo que cuando suena el teléfono, podemos cogerlo y comenzar a hablar. Google también ha aplicado un poco de integración Googlera; por ejemplo, nuestro Gmail comparte el listín de direcciones con nuestro Google Voice.

¿Cabos sueltos? Sí, hay algunos. El servicio ha ampliado enormemente la variedad de uni-números que ofrece, pero aún hay algunos códigos territoriales que no están disponibles (el 212 es especialmente escaso). Como efecto secundario de la tecnología ‘que suenen todos los teléfonos a la vez’ de Google Voice, a veces uno encuentra fragmentos de las grabaciones de error de Google Voice en los contestadores de los teléfonos que no hemos respondido. (Solución: hacer que el saludo de nuestro contestador dure 15 segundos o más). También hay que ir aprendiendo todas las posibilidades.

Aún así, no se imaginan ustedes lo mucho que cambian las cosas al tener un número de teléfono único, transcripciones de los mensajes del contestador y mensajes de texto que no se borran en cualquier teléfono. De repente, nuestras comunicaciones no sólo están unificadas, sino unificadas a la vez en todas partes: en el móvil, en la web y en el programa de correo-e. Y todo gratis, y hasta sin publicidad.

Probablemente se produzcan algunas bajas: en este momento no me gustaría ser una empresa que vende servicios de transcripción de mensajes del contestador o servicios de teleconferencia. Pero así es la vida ¿no? De vez en cuando, conviene alguna revolución que otra.

© 2009 David Pogue
Reproducido de The New York Times con permiso del autor.

Fuente: CanalPDA.com

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